Jiménez Arbe y los juicios en directo
A estas alturas nadie rebusca, entre las caras que recuerda, la de un nombre: Jaime Jiménez Arbe, apodado “el solitario”, por el modo en que este presunto delincuente cometió sus atracos y asesinatos. La semana pasada la Audiencia Provincial de Navarra fue testigo del juicio contra el que posiblemente sea el criminal más buscado de los últimos años. “El solitario” se enfrentaba a la justicia tras la acusación de haber matado a dos guardias civiles en la Comunidad Foral. Entre escenas de dolor de algunos familiares de sus víctimas y un intento de agresión ante la más cínica impasibilidad, todos pudimos contemplar cómo se desarrolló la vista a tiempo completo. Todos y gracias a una cámara de televisión. Sí, solo una.
Cerrado el debate entre juristas y periodistas sobre si es lícito o no que las televisiones ocupen su espacio en el interior de los juzgados, en este caso hemos visto compensados los dos derechos: el que tienen los declarantes a su intimidad, honor y propia imagen; y el que tenemos todos los ciudadanos a la información. Todos, digo, todos, derechos fundamentales recogidos en la Constitución Española. ¿Cómo?, se preguntarán. Con el empleo de una señal institucional, es decir, una retransmisión o grabación mediante una sola cámara de televisión situada estratégicamente y de forma discreta. Imágenes que luego son distribuidas entre los medios de comunicación que las soliciten y quieran incorporarlas a sus videotecas. Así, su presencia no intimida a los implicados y todos podemos seguirlo y estar plenamente informados de su desarrollo minuto a minuto.
Teniendo en cuenta que se celebra en audiencia pública, esto es, con asistencia libre de público y a la vista de todos, la grabación no es ilícita puesto que no se ven igualmente vulnerados los derechos del acusado y los llamados a declarar. No obstante, esta premisa de partida puede influir de la misma manera en las palabras de los protagonistas, pero no de un modo parecido al que suscitaría la situación de estar frente a nueve cámaras. Y digo un número así por ser optimista. Más de cien periodistas solicitaron su acreditación.
Pese a todo, creo que el principal debate entre los profesionales de uno y otro campo es si la presencia de cámaras puede o no entorpecer el desarrollo normal del juicio, en general, y las declaraciones, en particular. Lo que debemos tener presente es que una medida como la adoptada en este caso deja tranquilas a las dos partes. Y que “el solitario”, por supuesto, ya tendrá otro debate en mente. O no.


