viernes 22 de agosto de 2008

Vayamos al cine en verano


Durante los últimos dos meses, he aprovechado el tiempo. Por un momento, a raíz de las noticias que llegaban sobre la crisis económica y algunos adivinos mediáticos, que no dudaban en augurar un verano atípico, pensé que sería difícil debido a la supuesta suspensión de las vacaciones que muchos harían. Nada más lejos de la realidad. He podido leer, escribir y ver cine con soltura, sin pelearme con nadie y sin aguantar colas interminables de aquellos que en teoría deberían haber estado en la playa. Decidí dedicar mi verano a los libros y al cine. Y no tengo reparo en decirlo, a pesar de que muchos piscineros y playeros no comprendan que alguien ocupe su tiempo en asuntos que no sean tumbarse al sol y dormir.
Leyendo, bien. Viendo cine, sospechoso y paradójico. Hoy dedicaré mi reflexión a aquellos que no ven cine minoritario porque "es demasiado especial y se aburre uno en seguida". Respeto la decisión de muchos de solo compran entradas para ver películas comerciales (casi siempre, con origen en Hollywood). Ahora quiero expresarme y reclamar lo que es nuestro. Las últimas semanas he visto dos películas, algo raro, pues en esta época del año no suele gustarme demasiado la oferta de las carteleras. Por un lado, Nevando voy (Maitena Muruzábal y Candela Figueira, 2008), un filme de bajo presupuesto y centrado en la condición humana. No se asusten: el sabor de boca termina por ser optimista. Por otro lado, elegí, con esperanza, Mamma Mia! (Phyllida Lloyd, 2008). Ya pueden imaginarlo: Meryl Streep estupenda, porque es una muy buena actriz, no porque la película, a mi modo de ver, sea precisamente buena. Me quedé sin palabras, pero es que no hacían falta, porque podía quedarme con el título para definirla en su esencia.
Nevando voy es una fábula urbana sobre las relaciones entre personas. Un joven aficionado a los coches, una madre de familia de mediana edad y una chica que odia estudiar cruzarán sus vidas con el jefe que velará por sus nóminas en una fábrica situada a las afueras de Pamplona. Cómo viven sus vidas privadas, las relaciones familiares, sus anhelos, sus miedos y la capacidad de mantener la esperanza cuando todo parece torcerse son asuntos que hacen a esta modesta (pero rica) producción un estreno digno de las mejores salas. Si a esto sumamos que las directoras son debutantes, solo encuentro más razones para comprar la entrada. La pena es que, por su naturaleza, no llegue a tantos exhibidores como debería y sería justo. Aunque, vistas las preferencias que denotan las cifras de taquilla en España -acostumbradas al superávit con títulos como Torrente o Mortadelo y Filemón-, no resulta difícil comprenderlo.
La comedia musical nunca ha sido un género que me atrayera especialmente. Pero es que Mamma Mia! no pertenece a ese género, sino al de híbridos entre la telenovela Yo soy Bea, High School Musical y un pretendido y no conseguido argumento central basado en el caso "quiero encontrar a mi veradero padre" de cualquier talk-show mañanero. Ni Streep, con una más que lograda actuación, salva la historia, qué le voy a hacer, tengo que decirlo. El filme entretiene por las canciones y alguna salida de tono de tal o cual personaje, pero es de las más fácilmente olvidables, esto es, película de verano en su más estricto sentido. Para colmo, la alargan al final con una actuación musical de los protagonistas que no viene a cuento para que no se note demasiado su carencia de argumento sólido. No al final, mejor dicho, tras los títulos de crédito.
Todas son películas, comparten cartel en los cines y la entrada, injustamente, cuesta lo mismo. Para no caer en la cuenta, creo que el verano que viene esperaré a septiembre para no equivocarme. Aunque nunca perderé la esperanza, de poder decir "vayamos al cine en verano".


(Foto: cylcultural.com)

lunes 18 de agosto de 2008

Primeras entrevistas sobre mi novela


Buenos días a todos,

La revista cultural Ellibrepensador.com publica hoy lunes la primera entrevista que el escritor Salvador Moreno Valencia ha redactado sobre mi novela, Las distancias cortas. Desde aquí le agradezco su interés y os dejo otros dos lugares electrónicos donde también podéis encontrarla: el blog LETRAS y su espacio en la revista MI LITERATURAS.

Las distancias cortas, de Íñigo Sota Heras
18/08/08 por Salvador Moreno Valencia Sección: Cultura y espectáculos


13 preguntas al azar a un escritor que acaba de editar su Opera Prima, el joven Íñigo Sota Heras, nacido en Pamplona, hace algunos años, tantos como 25, es Licenciado en Comunicación Audiovisual por la Universidad de Navarra. Entre otros, ha trabajado en prensa escrita, digital y en televisión, en canales como Telecinco o Cuatro. Hasta la fecha, ha formado parte de la Agencia KORPA TV como reportero. Colabora como columnista para la revista Debate 21 y para el diario chileno La Nación. Es guionista y miembro de la Agencia del Cortometraje Español y asesor de contenidos para la entidad Mediatics.
Y para cerrar (de momento), este maravilloso currículo viene a ponernos en las manos, para que ejercitemos los ojos, y para mantener nuestras mentes ligeras o en una gimnástica continua (como decía el filósofo), Las Distancias Cortas, su primera novela editada por la Editorial Cocó. Y que todos podemos comprar a través de la página oficial de Ed. Cocó, y a partir de septiembre en todas las librerías españolas.

Ahora, llegado este momento pasemos a las 13 preguntas al azar.

1ª Iñigo, ¿has corrido alguna vez en San Fermín?

I: He corrido porque son unas fiestas frenéticas, de sol a sol y de luna a luna. Lo del encierro, lo dejamos para más adelante. Hoy en día, con tanto corredor inconsciente, se hace más peligroso.

2ª Veo que no pierdes el tiempo, a tus veinticinco primaveras: ¿qué vas a dejar para cuando seas mayor, ser miembro de la Real Academia de la Lengua?

I: (Risas) Quizá, pero no me lo he planteado. Mi objetivo no es ser famoso, ni mucho menos. Me conformaré con seguir trabajando en lo que me gusta -que ya es mucho- y que mis futuros libros los compren quienes realmente lo sientan. Y sí, quizá cuando sea mayor prefiera un lugar apartado del mundo para escribir y vivir en paz y armonía, algo que a mi edad es difícil, pero igualmente enriquecedor a otros niveles.

3ª Yo a tu edad estaba puliéndome el físico cada noche, y las neuronas machacándolas en juergas inacabables. ¿Se puede compaginar esto con ser un profesional como lo eres tú?

Para leer la entrevista completa, pincha aquí.

sábado 16 de agosto de 2008

El método Gonzo

Se acabó. Creo que esta semana he visto confirmadas mis sospechas. A la sombra de los buenos datos de audiencia que viene cosechando El método Gonzo, programa por el que ha apostado Antena 3 desde principios del verano, podemos deducir que algo ha cambiado en televisión.


Gonzo, rostro popular tras su labor como reportero en Caiga Quien Caiga, ha conseguido lo que otros han intentado durante las últimas temporadas y no han conseguido. No sé cuanto durará, lo que sí tengo claro es que me ha sorprendido. Y esto sí que es difícil en los tiempos que corren y en el ámbito que me ocupa.
Gonzo tiene mérito por varias y jugosas razones. Para empezar, ha traspasado con éxito la línea que separa al profesional reportero del profesional presentador. Más aún, cuando en el primer perfil agotaba a la semana apenas diez minutos y ahora, como rostro de cabecera, se encarga de un programa diario, de lunes a viernes y en directo. Contábamos con un ejemplo anterior en Cristian Gálvez, que también trabajó en Caiga Quien Caiga y desde hace unos meses conduce con soltura y amplio seguimiento de audiencia el concurso Pasapalabra. No obstante y visto el funcionamiento de este medio, Gonzo merece su reconocimiento personal y profesional. Por otro lado, este programa ha conseguido destacar como apuesta fuerte dedicándose a la actualidad y a la denuncia social de ciudadanos particulares que, libremente, se han querido acercar hasta la pequeña pantalla para reinvindicar lo que les corresponde. Ambicioso, cuando menos, pues lo que se estilaba hasta hace muy poco era el puro contenido rosa que muchos otros espacios han camuflado bajo el calificativo de "detalles de la actualidad". Está claro el dicho ese de que "quien no arriesga, no gana". Resulta alentador comprobar que todavía quedan personas concienciadas y que buscan ver en televisión temas que les tocan de cerca y que posiblemente tengan un calado más profundo.
Pero los méritos que de verdad merecen un capítulo aparte son dos. La capacidad de hacer funcionar en horario de tarde un programa con formato de madrugada (técnicamente, late-night, al estilo de Buenafuente, Noche Hache o Esta noche cruzamos el Mississippi). Lógicamente, El método Gonzo no guarda los parámetros puros de este tipo de espacio, pero sí los justos para calificarlo de "experimento kamikaze". Quizá no sea la primera opción de entre las elegidas por la audiencia, pero eso no le resta importancia al asunto. Por cierto, el perfil sociológico (target, en comunicación) de los espectadores de un late-night nada tiene que ver con el de aquellos que sintonizan por las tardes, así que ya se pueden hacer una idea de por dónde van los tiros. El último mérito que yo, personalmente -e irónicamente- le atribuyo, es la capacidad que ha tenido Gonzo para hacer que su programa salga publicitado en La Sexta a través del programa Sé lo que hicistéis. Dos veces, en dos tertulias de actualidad sobre temas políticos y sociales, ha parado los pies a invitados que intentaban desviar el debate -o no- hacia algún detalle de la vida privada de alguien. Con esa intención o sin ella, el presentador se ha metido en el bolsillo a sus casi competidores de la cadena de Pozuelo.
Quizá hable ahora y en poco tiempo tenga que callar para siempre. Espero que no, porque El método Gonzo es un buen programa que todos estamos llamados a disfrutar, sea cual sea nuestro contenido preferido.


(Foto: Antena 3)

martes 12 de agosto de 2008

Periodismo 0.0


Resulta curioso advertir cómo muchas veces los que menos saben son los que más se dejan arrastrar por las modas y modos de ejercer su profesión. No cualesquiera, sino aquellos que se han diversificado. Me refiero con esto a la estupendísima forma que desde hace unos años han adoptado algunos periodistas a la hora de llevar a cabo su tarea, esto es, informar, comunicar, ganar dinero, mentir –incluso- o asistir a numerosas fiestas. Sí, señores, aunque no lo crean, hoy toca autocrítica: voy a repasar un par de hechos que han aparecido en la televisión estos días, ¡y no saben la osadía que cometo siendo periodista! ¡Quién les iba a decir que alguien de este gremio iba a examinarse! Y es que ya sabemos todos que, por lo visto, otra de las modas es defender lo bueno y lo malo a rajatabla y nunca pararse a pensar. Valga como ejemplo el asunto Telma Ortiz: la mayoría de medios de comunicación (o sus portavoces) se empeñaban en decir que las medidas cautelares solicitadas por la hermanísima eran un atentado contra la profesión. Pero, curiosamente, nunca se pararon a valorar que muchos profesionales –periodistas, fotógrafos, contertulios- la han estado persiguiendo las veinticuatro horas del día –y sin exagerar- durante sus meses de embarazo. Tampoco opinan acerca de la persecución que sufrió la Infanta Elena tras separarse del Duque de Lugo. ¡Nadie ha dicho una palabra sobre la presencia de los periodistas y reporteros en la puerta del colegio de sus hijos, que estuvieron casi dos meses, día si, día también, y a la misma hora! Nadie.



No me parece de recibo alegar que “estos personajes ya saben lo que hay” o “son personas públicas y tienen que tragar” y tan suculentas y manidas excusas. No. Ya está bien de autojustificarnos a nosotros mismos, solo pido un poco de reflexión ante lo que estamos haciendo. Una simple pregunta: ¿realmente hay que buscar buenos y malos? Dos, mejor que una: ¿hay que esperar a que una mujer demande ante un juzgado para replantearnos nuestras rutinas de trabajo?

El segundo ejemplo viene a colación a raíz de la boda de Leticia Jiménez-Arnau, hija del periodista de nombre Jimmy y de Merry Martínez Bordiú, nieta de Francisco Franco. La ceremonia se celebró en el Pazo de Meirás, que fue entregado a Franco en su momento y hoy en día parece que tiene todas las papeletas para ser devuelto al pueblo gallego. Un programa de televisión sacó de su plató a una de las colaboradoras y la mandó, micrófono en mano, a una fiesta. La periodista, mostrando su mejor sentido de la objetividad periodística, preguntó a Carmen Franco, hija del generalísimo: “¿No está harta de que esos pelmazos sigan pensando en expropiarles el Pazo?”. Y lo coronó con otra frase: “Todo el mundo cree que es una medida disparatada”. No pude creerlo. ¡Y eso que la mujer en cuestión no tiene precisamente diecinueve años y sigue estudiando! Emplear la palabra “pelmazo” en una pregunta denota una falta de diligencia profesional digna de ser analizada. ¿Dónde quedó la imparcialidad? Pero es que, para colmo, redirige la pregunta empleando el sujeto “todo el mundo”. ¿Y a mí quién me ha preguntado? Por si la respuesta no era la que ella quería escuchar –y grabar-, encima le estampa en la cara unos datos estadísticos que ella misma ha elaborado en su mente. En su mente y, por cierto, en ese mismo momento.

Algunos me dirán que soy muy crítico, que por edad no tengo derecho a opinar o que, simplemente, resulto molestamente idealista. Seré todas esas cosas, pero al menos he tomado la vía de pensar sobre lo que realmente importa, a saber, el rumbo de una profesión que, pese a lo que veo y no me gusta, adoro.

miércoles 6 de agosto de 2008

Cuento tibetano para varias horas de viaje


Llegó al aeropuerto de Barajas a primera hora de la mañana. No café, pero sí un zumo de frutas. Desayunó junto al resto de su equipo un par de horas antes de viajar hacia Beijing. Verónica es una verdadera deportista profesional. La vocación la domina, su mente completa cada operación. Atleta y dos veces campeona de España en su especialidad. Cuando la terminal comenzaba a llenarse de transeúntes, pagaron la cuenta y caminaron hasta la puerta de embarque, no sin antes repasar el escaparate de la papelería y llevarse un periódico.

Las azafatas terminaron de dar sus indicaciones. El motor resonaba con fuerza. Pequeños retazos de sol entraron por el cristal. Despegaron, repletos de ilusión, con ansia de vivir la experiencia, de representar a su país. Verónica no conocía Pekín y llevaba días pensando que era una oportunidad perfecta. El deporte, primero. El disfrute ocioso, después. Las prohibiciones, antes de despegar…

La portada del periódico recogía la noticia. Dada la precaria situación diplomática de aquel país, sus Juegos Olímpicos y el “Free for Tibet”, el presidente del Comité Olímpico Español, Alejandro Blanco, se había acercado hasta los competidores españoles para prohibirles expresamente hablar de asuntos políticos durante su estancia en territorio oriental. La otra información hablaba de la llegada de la llama olímpica, hecho que estuvo acompañado por las protestas de activistas defensores de los Derechos Humanos. Verónica pensó unos momentos. ¿Están las olimpíadas por encima de los derechos fundamentales?

La despertó una compañera. El sueño pudo con ella, pero quizá un tentempié mañanero saldaría así la deuda. Se re-desayunó de nuevo con su periódico y un inminente dolor de cabeza provocado por la presión. Esta vez, sección Ocio y Entretenimiento. Verónica compatibilizó su almuerzo frío con dos mujeres. Paris Hilton había puesto a caldo a Obama y McCain y se decía candidata perfecta a la presidencia de los Estados Unidos. Su baza era, palabras textuales, que “está buena”. Geri Halliwell, ex Spice Girl, respondía en una entrevista tras ser preguntada por su carrera musical: “Ver la película Sexo en Nueva York me hizo recordar la trayectoria del grupo”. Y, esta vez, Verónica volvió a reflexionar. Un mundo real con terribles síntomas de surrealismo. Una parte del mundo que lucha en vano por los Derechos inapelables de las personas y otro hemisferio que lucha con éxito por lo superficial.

Verónica agarró sus maletas, se puso a caminar y el periódico acabó perdido en alguna papelera del aeropuerto. Mientras, el gentío y la neblina contaminada comenzaba a envolver el lugar. El cuento tibetano había terminado.


(Foto: EITB)

lunes 4 de agosto de 2008

Las distancias cortas y Editorial Cocó en ¡QMD! y Teleindiscreta


Las distancias cortas: LIBRO QMD de verano, en la revista ¡Qué me dices!...














...y recomendado en Teleindiscreta con el titular de "Vidas inquietas".

viernes 1 de agosto de 2008

Nueva reseña de mi novela

"LAS DISTANCIAS CORTAS"

Pascual Tamburri Bariain

La literatura no tiene por qué juzgarse en función de orientaciones sexuales. Estamos ante un excelente relato de un autor capaz de navegar en los ambientes más dispares.

1 de agosto de 2008
El candor, la pasión, la decepción, el desamparo, la amistad, el amor, el abandono, los proyectos, el afecto, la angustia, la maldad; la grandeza de lo humano y sus bajezas, el sacrificio y el egoísmo, los errores no por previstos más evitables, los hallazgos no por inesperados menos luminosos: todo lo humano está presente en la gran tradición literaria occidental, sea como reflejo de la realidad existente o como ejercicio de la imaginación y de la voluntad. Como todas las artes, la literatura deja un amplio espacio a la opinión y a las diferencias de gusto, pero indudablemente existe buena y mala literatura. Siempre ha sido así y siempre será, al margen de modas y de tendencias. Íñigo Sota Heras ha entrado con Las distancias cortas en el pequeño Parnaso... (leer más)

(Reseña publicada en EL SEMANAL DIGITAL, www.elsemanaldigital.com)