Dos preguntas clave:
¿Por qué es una película que traspasa fronteras y que puede ser disfrutada igualmente aquí que en cualquier rincón del planeta? Por su género, el suspense, y el cuidadísimo tempo, que solo deja espacio al sentimiento de quedarse pegado a la butaca.
¿Qué queda del Almodóvar de Volver o Los abrazos rotos? Todo, especialmente en la forma. La piel que habito es una película que se desvela por pequeños capítulos, retazos por personaje y en cada escena. Hasta la mitad del filme, la poética no empieza a reconstruir la trama y dar luz verde a esas sutiles explicaciones que tanto le gustan al director.
Y tres: ¿Qué queda por decir? Que tanto Antonio Banderas, protagonista, como la siempre elocuente Marisa Paredes visten una historia en la que Elena Anaya se destapa como el verdadero descubrimiento. Blanca Suárez, por cierto, debería hacer más cine.
Foto: lapielquehabito.com
3 comentarios:
Una gran película! tan bien narrada que te mantiene de principio a fin pendiente de ir enlazando la historia y hasta su desenlace conservas la intriga a flor de piel...
Intriga, esa es la palabra con la que me quedé yo. Es alucinante el poderío poético de esta película.
Gracias, anónimo.
Saludos
Hola, Íñigo. ¿Así que te gustó? A ver si la veo y comentamos. Un abrazo y sigue bien.
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